El mastín español, protector de la tradición trashumante

El ganadero leonés Manuel Morán pastoreando junto a sus mastines y su ganado

La tradición trashumante y el mastín español, protejen de la biodiversidad de la fauna autóctona española, la conservación de los ecosistemas y evitan incendios


Tiendanimal, a través de su proyecto educativo Tiendanimal Educa, ha organizado una expedición por las zonas de España en las que la tradición de la trashumancia (pastoreo en continuo movimiento) se mantiene más activa.
Liderada por Manuel Calvo, esta aventura ha tenido como objetivo analizar esta costumbre milenaria y poner en valor el trabajo del mastín español, una raza autóctona que sigue siendo esencial para cuidar el ganado y defenderlo de los depredadores.
Para ello, se han visitado diversos puntos de la geografía nacional trashumante: lugares recónditos donde todavía es indispensable el mastín español para desempeñar el trabajo de pastor.

La trashumancia, una práctica conservada a través de los siglos

Este tipo de pastoreo es muy importante para el mantenimiento no sólo de nuestras más ancestrales raíces étnico-culturales, sino también para sostener la biodiversidad del modo más ecológico y beneficioso y menos contaminante y perjudicial. Testimonios vivos de esta práctica histórica como Genaro Rodríguez, guarda forestal del Principado de Asturias; Alberto Fernández y Manuel Morán, ganaderos leoneses; Jorge Escudero, ingeniero y naturalista en las Dehesas de Riópar; y José Álvarez Pozal, pastor y referente de los mayorales en España, han dado fe de sus usos y costumbres como practicantes de la trashumancia a día de hoy, desempeñando su labor en lugares recónditos donde todavía es indispensable el mastín para desempeñar el pastoreo.

El lobo ibérico, protegido de las “batidas” gracias al mastín español
Tener a las reses desprotegidas del mastín es todo un riesgo: el lobo busca presas y, si no encuentra en la fauna salvaje, ataca al ganado desprotegido de este perro –no valen otros perros con menor corpulencia al no estar preparados para rechazar sus ataques, que incluso pueden llegar a convertirse también en sus víctimas–.
Las montañas no perdonan un descuido, y osos y lobos hacen presa a los ganados. 
El mastín, al ahuyentar al lobo ibérico de los rebaños, evita en buena medida que los lugareños de la zona organicen batidas contra ellos con el argumento de evitar perder más vidas entre sus manadas.

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