La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) refleja una nueva dimensión de la empresa preocupada en su sostenibilidad y no tanto en el corto plazo. Una triple visión -económica, social y medioambiental- que prima el desarrollo sostenible.

viernes, 4 de abril de 2014

España, en 2033

En 2033, el escenario geopolítico global será radicalmente distinto al actual.
Las potencias occidentales habrán perdido peso en favor de nuevos bloques regionales -de carácter económico y político-, que competirán entre sí y que tenderán a proteger sus propios mercados e impulsar, al tiempo, flujos de inversión directa.
Así se desprende del informe España en el mundo en 2033, elaborado por PwC y el Centro de Economía y Geopolítica Global de Esade (ESADEgeo).
El estudio hace un ejercicio de prospectiva sobre cómo se conformará el mundo en 2033, a partir del diseño de cuatro grandes escenarios:
- Gobernanza Global
- Bloques Regionales
- Proteccionismo Nacional
- Intereses Económicos al Mando

¿Cuál será la situación geopolítica de España en 2033?
El informe forma parte del proyecto de PwC España 2033, nacido con el objetivo de adelantar las tendencias que determinarán el futuro de nuestro país desde un punto de vista económico y social, y que cuenta con el análisis del Club 33, un grupo de reflexión integrado por los futuros directivos de algunos de las principales empresas de nuestro país.

Dentro de dos décadas, no existirá una potencia hegemónica clara en el mundo. Jugaremos un partido sin árbitro marcado por la diversidad de los jugadores y la competencia entre grandes bloques regionales, donde los gobiernos nacionales verán cada vez más mermado su poder frente a otro tipo de actores. Estas grandes regiones (Brasil y México; China, India y Japón; Nigeria y Sudáfrica; Arabia Saudí e Irán; Turquía y Rusia; EE.UU y Canadá y la Unión Europea, entre otras) competirán entre ellas con cierta tendencia al proteccionismo e impulsarán la proliferación de acuerdos comerciales bilaterales y el crecimiento del comercio intrarregional.

Europa será una de las áreas relevantes. 
Una Europa económicamente más cohesionada, donde la unión monetaria, bancaria y fiscal será toda una realidad, pero no la política y donde Alemania será la potencia más influyente.
Este escenario será favorable para España, que será capaz de paliar los efectos de la limitación del comercio mundial mejor que otros socios europeos, gracias a que Latinoamérica y la Unión Europea serán el principal destino de nuestras exportaciones.
Precisamente, ese doble perfil europeo y latinoamericano reforzará el papel y la importancia de España como mediador entre los nuevos bloques regionales.
España tratará, además, de posicionarse en el mundo como receptora de talento, haciendo valer su condición de quinta economía de la Unión Europea; sus infraestructuras de alta calidad; su atractivo cultural, su estilo de vida y su idioma.

España en el mundo en 2033 identifica, además, cuáles serán las seis grandes tendencias que transformarán el mundo en las próximas dos décadas:

La geopolítica: un partido sin árbitro.
La pérdida de peso de Occidente, la consolidación de las nuevas potencias emergentes y los efectos de la globalización atisban un atlas geopolítico mundial similar al de un partido sin árbitro.
La diversidad política e ideológica de los jugadores y la preeminencia de lo económico sobre lo militar añadirán complejidad al entorno y marcarán un contexto más difícil y heterogéneo para las empresas.

La economía mundial: un nuevo equilibrio inclinado al Pacífico. 

El trasvase del poder económico a las potencias emergentes dibujará un nuevo equilibrio global inclinado hacia la zona de Asia-Pacífico.
Europa y Japón verán lastrada en las próximas décadas su capacidad de crecimiento en favor de Estados Unidos (EEUU) y de las economías emergentes.
En un mundo más global, con entidades sistémicas de mayor tamaño y un mayor riesgo de contagio en futuras crisis, el diseño de una gobernanza financiera global se antoja crucial.

La innovación como base de todo. 
En el nuevo modelo productivo de las próximas décadas, la innovación será la base de todo.
Como consecuencia, la lucha por el talento y la movilidad laboral alcanzarán cotas desconocidas hasta ahora.
Un fenómeno que, junto al impacto de las nuevas tecnologías en los procesos de fabricación, podría alimentar la desigualdad entre los trabajadores y tener efectos sociales difíciles de prever.

La estructura social: un individuo más autónomo. 
El desarrollo económico, la aparición de una gran clase media emergente y el impacto de las tecnologías de la información conformarán la estructura de nuestra sociedad.
Esta vendrá marcada por el auge de la libertad individual y por la capacidad de decisión de las personas, que ganarán poder frente a los Estados.

La demografía: longevos, urbanos y en movimiento. 
El incremento de la esperanza y de la calidad de vida, el descenso de la natalidad, el auge de las ciudades y los movimientos migratorios serán algunas de las claves demográficas de un mundo que será testigo de fenómenos como el avance significativo de las mujeres en la sociedad.

Sostenibilidad: menos recursos y más costosos. 
 La presión sobre los recursos naturales aumentará de forma significativa en los próximos veinte años como consecuencia del incremento de la población mundial y de los efectos de las nuevas clases medias emergentes.
La competencia entre Estados y entre empresas por asegurarse el suministro de recursos naturales, convertirá a la explotación de las fuentes de energía no convencionales en un punto relevante de la geopolítica y de la economía mundial en 2033.

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